El hombre que conmocionó a toda su familia

Heinrich Carl Hudtwalcker fue un comerciante de éxito, pero su verdadera pasión eran los cuadros de Edvard Munch
Cuatro antepasados pueden ser una auténtica carga sobre los hombros de un hombre joven. Heinrich Carl Hudtwalcker (de 1880 a 1952) tuvo que soportarla. No había cumplido aún los veinte años cuando perdió a sus padres. No le quedó más remedio que seguir los pasos de sus ancestros e incorporarse al comercio mundial de aceite de ballena. Así se convirtió, en la quinta generación, en comerciante por sentido del deber y tradición familiar, no por vocación. El aceite de ballena fue el fundamento del éxito financiero de la Casa Hudtwalcker. Uno de los antepasados, Jacob Hinrich, había colocado la primera piedra de este negocio en Hammerbrook el 18 de abril de 1743.
En 1905, Heinrich Carl Hudtwalcker estableció una sucursal de la fábrica de aceite de ballena en el fiordo de Oslo, donde pronto entabló un próspero comercio con los balleneros[1] más famosos de la época. Pero Noruega se convirtió en la tierra de su destino no solo en lo que respecta al aceite. En una galería de Oslo coincidió con el entonces casi desconocido Edvard Munch, un artista demoníaco que sacudió el mundo burgués de Hudtwalcker hasta sus cimientos. Munch y el aceite de ballena fueron, a partir de ese momento, los dos hitos en la vida del comerciante. En Oslo conoció también a su esposa[2], la hija de un pastor que se había criado en la soledad polar de Narvik. Cuando Hudtwalcker regresó a Hamburgo tras una estancia de ocho años en el alto norte, llevaba en su equipaje una considerable colección de obras gráficas de Munch. Del encuentro casual con el pintor brotó gradualmente una amistad que hizo dichoso a Hudtwalcker. Con el comercio de aceite de ballena ganaba su dinero; con la colección de los cuadros de Munch se realizaba su vida espiritual.
En su casa de Elbchaussee 472, mantenía sus tesoros artísticos ocultos a los ojos del público. Porque Hudtwalcker no era hombre de llamar la atención ni de celebrar alegres fiestas. Sus hijos, Carl Heinrich y Olaf[3] —uno de los cuales continuó con la fábrica en el fiordo de Oslo, mientras que el otro se convirtió en galerista en Barcelona[4]— describían a su padre como un hombre reservado, taciturno y de una sobriedad puramente hanseática. Contaban que su mayor alegría nocturna era hojear las carpetas de obra gráfica de Munch, o permanecer una y otra vez en silencio ante las pinturas del gran noruego que colgaban de las paredes, escuchando su propio interior.
Pues todo aquello que el pintor expresaba con el color sobre las situaciones límite del ser humano, Hudtwalcker lo encontraba dentro de sí mismo. Solo que el reflexivo comerciante no lograba expresarlo con palabras. Cuando un día le compró a Munch el cuadro “El pecado”, que muestra a una muchacha desnuda con una melena pelirroja ondulante y ojos verdes, el clan familiar de Hamburgo se indignó tanto que rompió relaciones con Heinrich.
Mucho recuerda todavía a los Hudtwalcker en Hamburgo, aunque sus huellas están muy desdibujadas y casi nadie sabe ya nada sobre ellos.[5] Existe la calle Hudtwalckerstraße con su bulliciosa actividad, y la estación de Hudtwalcker, sobre cuyas puertas de madera roja un picapedrero cinceló el honorable nombre en piedra arenisca allá por 1915: una hermosa obra de estilo Art Déco, a pesar de que el artesano olvidó la letra ‘C’, algo que la familia asumió con nonchalance. Y luego está la Hudtwalckertwiete con sus once casitas de ladrillo visto, que en su acogedora comodidad recuerdan a la ciudad holandesa de Haarlem.
La Twiete alcanza su mayor belleza en primavera, cuando florecen los cerezos japoneses que forman una hilera a ambos lados del callejón. Heinrich Carl Hudtwalcker amaba estos árboles (de los cuales originalmente había al menos doce aquí) y de buena gana los habría hecho pintar por su amigo Munch. Sin embargo, el artista nunca llegó a presenciar ese esplendor floral rosado que siempre dura apenas unos días. En su lugar, durante una de sus visitas a Hamburgo, retrató maravillosamente a su anfitrión y mecenas. El “Retrato de Heinrich Carl Hudtwalcker”, pintado en 1925, se puede admirar actualmente —junto a otras obras maestras de la antigua colección del comerciante— en la exposición de la Kunsthalle titulada “Picasso, Beckmann, Nolde y la modernidad”.
En el sótano del museo —en la sección “Pintura en Hamburgo”— se encuentra desde hace años el retrato de una mujer joven de despiertos ojos azules y sonrisa contenida bajo un sombrero de paja amarillo sol: se trata de Elisabeth (1752-1804)[6], la bisabuela de Heinrich, esposa del comerciante y senador Johann Michael Hudtwalcker (1747-1818)[7] y sobrina de Friedrich Klopstock[8]. El francés Jean Laurent Mosnier, que había huido de la revolución en su país y encontró refugio en la ciudad hanseática, la pintó en 1798. Madame Hudtwalcker, una de las mujeres más bellas e instruidas del Hamburgo del siglo XVIII, amaba las artes y las protegió con todas sus fuerzas. Por su salón desfilaban el pintor de Goethe, Tischbein, el grabador Chodowiecki y el escultor Dominique Rachette. Por lo tanto, la inclinación artística siempre había estado un poco presente en esta familia de comerciantes. Probablemente no fuera más que una muestra de buen humor cuando el mundo empresarial hanseático afirmaba obstinadamente que por las venas de los Hudtwalcker no corría sangre, sino aceite de pescado.
Doris Blum
Die Welt, 18 de abril de 2001
Traducción de The Raw Herring Agency. Una Asociación Hudtwalcker-Kennerley.
Notas
[1] Lars Christensen, 1884 – 1965
[2] Sigrid Holm, 1879 – 1928. Heinrich y Sigrid no se conocieron en Oslo, sino en un baile en Hamburgo.
Tysfjorden (en noruego) o Divtasvuodna (en sami de Lule) es un municipio de la provincia de Nordland, Noruega. Forma parte del distrito tradicional de Ofoten. El municipio de Tysfjord se fundó el 1 de enero de 1869. Inicialmente, la población era de 1.402 habitantes. El municipio debe su nombre a Tysfiord, el fiordo (el segundo más profundo de Noruega) que el municipio rodea.
Tysfjord es conocido por el avistamiento de ballenas. El sol de medianoche puede verse desde finales de mayo hasta mediados de julio. El sol se encuentra bajo el horizonte desde principios de diciembre hasta mediados de enero, y la aurora boreal se contempla habitualmente en invierno y a finales del otoño.

[3] Carl Heinrich Hudtwalcer, 1912-1991, Jürgen Olaf Hudtwalcker, 1915 – 1984
[4] La Galerie Olaf Hudtwalcker estaba en Fráncfort del Meno, Alemania, no en Barcelona.
[5] Por el mero número de miembros de la familia, Lima, Perú, es la nueva capital de los Hudtwalcker de la tercera rama; y la rama peruana, seguida por Barcelona, España, y una pequeña congregación que se aferra con valentía a la existencia en las ya mencionadas condiciones de la soledad polar de Noruega.

[6] https://hudtwalcker.com/history/biographies/elisabeth-hudtwalcker/retrato-de-una-dama/
[7] https://hudtwalcker.com/history/biographies/johann-michael-hudtwalcker/el-senador-en-la-epoca-de-la-ilustracion/
[8] https://hudtwalcker.com/history/miscellaneous/tan-solo-veo-una-actividad-alegre-y-serena/
Traducido de la versión en inglés, publicado en esta página web en 2017.
www.hudtwalcker.com 2026