Retrato de una Dama

El retrato de Elisabeth Hudtwalcker, nacida Moller (apellido de soltera), también conocido como “Die Schöne Hamburgerin – La Bella Dama de Hamburgo”, fue pintado en 1798 en Hamburgo por Jean Laurent Mosnier (1743-1808). El original se encuentra en la colección del Museo de Arte de Hamburgo, en Hamburgo, Alemania.

Elisabeth Hudtwalcker

Elisabeth Hudtwalcker

Mosnier (www.artcyclopedia.com/artists/mosnier_jean-laurent.html) nació en Paris, Francia, y se educó en la Academia Parisina St. Luc. En 1766 fue nombrado pintor de la Corte por la Reina de Francia, Maria Antonieta, y en 1788 se convirtió en miembro de la Real Academia. Cuando estalla la Revolución Francesa en 1789, él viaja a Londres donde permanece por aproximadamente 6 años (mientras su antigua empleadora, la Reina, era ejecutada). En 1796 Mosnier llega a Hamburgo, Alemania, sin embargo, en 1802 recibe una nueva y prestigiosa llamada al ser nombrado pintor de la Corte una vez más, en esta ocasión por la Zarina Rusa Elisabeth Alexejewna, y es por ello que Mosnier se muda a San Petersburgo. Reflejando sus movimientos geográficos, sus pinturas se encuentran en las colecciones del Museo del Louvre, el Erimitage y el Museo de Arte de Hamburgo.

Elisabeth Hudtwalcker (1752 – 1804) se casa con Johann Michael Hudtwalcker (1747 – 1818), un hombre de negocios y Senador de Hamburgo. Ellos disfrutaron un matrimonio feliz. Johann Michael le dio el sobrenombre de “Betchen”, y admiraba a su talentosa esposa. En sus notas para la biografía de ella, el escribió que era ella una “genio” y que tenía “la gracia de una Diosa”.

Ella aprendió latín, inglés y francés, y podía recitar de memoria pasajes enteros de Racine. Bailaba el menuet y además hacia sus propios dibujos desde muy pequeña. Más tarde en su vida, tomó lecciones de pintura en pastel; – y pintura en óleo, e hizo retratos en miniatura de sus tías, tíos y primos. Después de la boda hizo también retratos de su esposo y suegros. La pareja tuvo juntos cinco hijos. Todos ellos tuvieron sus retratos hechos por su madre. Elisabeth y Johann Michael Hudtwalcker mantuvieron una gran y hospitalaria casa, visitada por muchos invitados prominentes. Los veranos eran disfrutados en un pequeño jardín cerca de Deichtor, Hamburgo, diseñado para ellos por el arquitecto Johann August Arens, quien a su vez fue puesto a cargo del diseño de su segundo, y más grande jardín en Eppendorf .

A pesar de que a Elisabeth Hudtwalcker le hubiera gustado convertirse en una pintora, ella sentía que “tenía obligaciones más importantes”, como escribe su esposo en la biografía. A pesar de sus obligaciones como esposa, madre, anfitriona y responsable por los quehaceres del hogar, ella fue aun así alentada a pintar por pintores tan famosos como Chodowiecki, Tischbein (1750 – 1812) y Schadow. Daniel Chodowiecki (1726 – 1801) era un huésped frecuente en la casa de los Hudtwalcker, y apreciaba sus trabajos, y el escultor y pintor Johann Gottfried Schadow (1764 – 1850) le aconsejó que dibujara con un alfiler de plata, una herramienta que él mismo usaba.

Elisabeth Hudtwalcker era una devota lectora de literatura. Uno de sus preferidos escritos eran las tempranas odas de su tío, Friedrich G. Klopstock, pero ella también poseía un agudo gusto por los más espirituales, y al mismo tiempo irónicos aforismos del autor Georg Christoph Lichtenberg. Estudió las teorías de la fisonomía del escritor y pastor suizo, Johann Kaspar Lavater (1741 – 1801), otro huésped frecuente en la casa de los Hudtwalcker. Lavater trató de ver el detalle, lo particular, como parte de un orden divino del mundo. Johann Heinrich Wilhelm Tischbein, conocido por sus retratos de Goethe, fue el último huésped en visitar a Elisabeth Hudtwalcker diez días antes de su muerte.

Retratos y biografías describen a Elisabeth Hudtwalcker como una mujer abierta e inteligente, elegante y divertida, pero con un profundo, y sincero, interés cultural, teniendo un especial corazón para los pintores de su tiempo, siendo muchos de ellos sus colegas y amigos. En relación a la visita a su hogar por Jean Laurent Mosniers, Johann Michael Hudtwalcker comenta:

«Mosnier vino acá, la pintó, y ella agradeció a este gran artista por quien ella tenía la más grande estima. Ella se llenó de vida durante sus vívidas conversaciones que podían durar hasta tarde en las noches.»


Escrito por: Katharina Baark en el periódico “Hamburger Abendblatt” el 14 de Septiembre de 1987.
Traducido del alemán, y modificado, por John Michael Hudtwalcker, Oslo, Noruega Enero 2005.
Traducido por Claudia Hudtwalcker, Lima, Peru