De la Verdad y la Justicia

Martin Hieronymus Hudtwalcker, senador de Hamburgo de 1820 a 1860, nació el 15 de septiembre de 1787. Sus padres fueron Nicolaus Hudtwalcker (1757-1832) and Charlotte Amalie née Ohlmann (1767-1842).

De 1793 a 1801, cuando todavía era un joven, Martin Hieronymus realizó sus primeros estudios en la casa de su tío Christian Martin Hudtwalcker (véase el artículo fuera de Hamburgo). Christian Martin H. era preboste y predicador en el condado de Holstein. En esa primera época surgió su vínculo de amistad con Wolf, conde de Baudissin, un famoso poeta y traductor. En 1801, Martin Hieronymus siguió a su tío hasta Copenhague, desde donde habían llamado a este último para que fuera predicador para la comunidad alemana. En Copenhague, Martin Hieronymus asistió a la escuela local de latín, hasta el verano de 1803, cuando regresó a Alemania. Desde el otoño de 1803 hasta la primavera de 1805, estudió en la escuela Selecta del Gotha Gymnasium, donde tuvo a Döring y Jacobs como profesores. Allí se hizo amigo de uno de sus compañeros, Franz Paffow, quien se convertiría más tarde en un renombrado filólogo. Con el fin de recuperarse de una grave enfermedad, Martin Hieronymus pasó el verano de 1805 con sus padres, y en el otoño empezó sus estudios en la Universidad de Heidelberg.

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En Heidelberg, mantuvo una estrecha relación con el profesor Heise (info), quien más tarde se convirtió en el presidente del Alto Tribunal de Apelación de la ciudad de Lübeck. Martin Hieronymus también solía frecuentar la casa del poeta J. H. Voss. En la primavera de 1807, se dirigió a Göttingen, donde siguió estudiando leyes, junto a su buen amigo, el conde de Baudissin. Los dos amigos regresaron juntos a Heidelberg en 1808. Se les unió Kohlrausch, un filólogo más tarde conocido como profesor y por sus libros históricos sobre la Guerra de la sexta coalición, y pasaron las vacaciones de otoño ese año haciendo excursiones a pie por Suiza y hasta el Lago Mayor. El 16 de febrero de 1809, Martin Hieronymus aprobó con honores el doctorado en leyes. En el último año de universidad, se hizo amigo del futuro criminólogo Mittermaier (info), con quien siguió teniendo un estrecho contacto durante el resto de su vida. Una vez terminados sus estudios, Martin Hieronymus se fue de Heidelberg y partió a un viaje de varios meses por diversas regiones de Alemania. Durante su viaje, conoció a Jean Paul (info) en Bayreuth, y a Wieland (info) y a Goethe en Jena (véase el apéndice). Durante su estancia de un mes en Jena, se reunió frecuentemente con Goethe en sus visitas a la familia Fromm, de las que Mincen Herzlieb era miembro. A través de ese mismo círculo también conoció a Werner, el poeta de Söhne des Thales, y a J. D. Gries, el traductor de Tasso. Desde Jena, viajó hasta Leipzig, Dresde y Berlín, donde visitó a Fichte (info) y a Nicolai. Por último, a finales de septiembre de 1809, llegó el momento de visitar su ciudad natal, Hamburgo. Las tropas francesas habían ocupado Hamburgo poco después de la Batalla de Jena. Cuando él llegó, hacía poco que la ciudad había recobrado la independencia. Después de obtener la licencia para ejercer como abogado, Martín Hieronymus estuvo inicialmente ocupado con la impresión y la edición de su tesis, aunque pronto empezó a desempeñar con éxito sus actividades legales en Hamburgo. Pero en los últimos días de 1810 (info), un decreto de Napoleón incorporó Hamburgo al Imperio Francés. (info). Martin Hieronymus fue incapaz de soportar en silencio aquello que desde su punto de vista era una catástrofe; así pues, con la esperanza de que llegaran tiempos mejores, en septiembre de 1811 dejó una vez más Hamburgo y se trasladó a Austria.

Llegó a Viena el 7 de octubre de 1811. Pasó todo 1812 trabajando en distintas bibliotecas para escribir un ensayo legal que abordaría el tema de los mediadores en Atenas (info). El ensayo se publicó y obtuvo encendidos elogios. Además de escribir diversas obras literarias, dedicó el tiempo a reunirse con Friedrich Schlegel y Theodor Körner. No obstante, el panorama político en Alemania iba a sufrir cambios aún más drásticos. La caída del ejército francés en Rusia en diciembre de 1812 (14), seguida por el renacer de Prusia a principios de 1818 (info), hizo revivir las esperanzas del patriota alemán. Debido a su estado de salud, a Martin Hieronymus le resultó imposible empuñar las armas por su país de nacimiento. En mayo de 1818 viajó hasta Bohemia, pero todos sus intentos por obtener una posición en la que pudiera emplear de alguna forma sus habilidades en beneficio de su país fueron en vano. En julio de 1818 regresó a Viena. Allí pronto se dedicó a la tarea de acompañar a la universidad de Tübingen a los dos hijos mayores del conde de Stadion, quien entonces, aparte de Metternich, era una de las personas más influyentes en los asuntos públicos. Con varias interrupciones derivadas de los acontecimientos de la guerra, y en general ocupado haciendo investigaciones históricas, se quedó en Tübingen hasta septiembre de 1814. Después de una breve estancia en Viena durante el período del Congreso, más avanzado el otoño acompañó a Göttingen a los jóvenes condes de Stadion. Cuando esa relación se terminó, a primeros de 1815, Martin Hieronymus decidió regresar a Hamburgo.

Una vez de regreso a Hamburgo, retomó con gran éxito la actividad legal y pronto se encontró entre los abogados más ocupados de la ciudad. El 20 de diciembre de 1817 se casó con Charlotte von Mengershausen, de Göttinhen. La pareja se había conocido en Göttingen, en 1814. El 29 de marzo de 1820 fue elegido Miembro del Senado de Hamburgo (info). Según lo contemplado en la constitución de la ciudad, sólo podía evitar ese nombramiento si emigraba. Como deseaba continuar con sus actividades legales, decidió aceptar, si bien a regañadientes. En 1820 intentó dedicarse de lleno a la labor de juez, al aceptar el puesto de magistrado en Lïubeck, en el Tribunal Supremo de Apelación de las Ciudades Libres de Alemania, pero no lo consiguió, ya que en 1821 el Senado de Hamburgo rechazó su petición y no le permitió abandonarlo. Por lo tanto, siguió ocupando su puesto durante cuarenta años, desplegando una actividad incansable en los sectores más variados de la administración comunal de su ciudad. Fue especialmente en la administración de la policía —que estuvo a su mando desde 1883 hasta 1893, y en la que ya había ejercicio las funciones de jefe interino en 1831, en un momento en el que había disturbios civiles y se produjo la primera aparición del cólera— donde demostró una prudencia y una energía incesantes que lo hicieron valedor del reconocimiento general en todos los círculos. Asimismo desempeñó el cargo de presidente de la comisión que se reunió para consultar sobre un cambio radical de los procedimientos penales, así como para crear el código penal de Hamburgo.

Durante los días del Gran Incendio de mayo de 1842, formó parte de la comisión extraordinaria que el senado creó para la policía. Martin Hieronymus también fue miembro de la diputación reformista a la que se le ordenó la preparación de cambios constitucionales en 1848. En 1828 inició la reforma de los institutos académicos y fue durante varios años el presidente de la Junta Superior Escolar, la «Scholarchattz». Fue miembro del Tribunal Supremo desde 1821, ya que este estaba compuesto por una parte del Senado, y fue su presidente durante los últimos años de sus actividades oficiales. De entre los proyectos en los que participó como legislador, merece destacarse, aparte de los relacionados con la reestructuración de la ley penal, el «reglamento de tutela», creado en 1831. No menos eficientes fueron sus acciones relacionadas con las leyes sobre los derechos civiles, el decreto sobre derechos civiles y sobre los sirvientes, del año 1833, y los decretos sobre el derecho de residencia y el «Schutzverwandschft» (un tipo de permiso de residencia protector) de 1837. Durante la tercera década del siglo, Martin Hieronymus había colaborado activamente en la elaboración de una ley de prensa, aunque esta sólo entró en vigor después de la absolución de la censura, en 1848.

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Su increíble energía le permitió encontrar el tiempo de ocio necesario para sus obras literarias, a pesar de lo extenuante y laborioso de las actividades oficiales que desempeñaba. En 1823, él y el doctor C. Trummer empezaron la edición de Criminalistic Contributions, una revista que recibió las mayores alabanzas en los círculos científicos. En 1826, bajo el título Bruchstücke aus Karl Berthold’s Tagebuch (16), publicó sus propias memorias, vagamente disfrazadas de novela. En varias gacetillas, reveló su interés por los asuntos de su ciudad natal y colaboró en diversas revistas científicas. Poco tiempo después de su entrada en la vida pública, realizó un trabajo excelente en el campo religioso, inicialmente con ataques contra la corriente racionalista, que era la predominante, no sólo desde el púlpito, sino también entre la población. Los que no se contaban entre sus espíritus afines pronto llegaron a conocerlo como un oponente siempre dispuesto y de ingenio rápido, a quien tenían que reconocerle su habilidad mental, su educación científica y su integridad moral. En absoluto hostil hacia los no creyentes, trabajó para el establecimiento de las comunidades inglesa reformada, inglesa episcopal y, más tarde, incluso de la comunidad baptista. En 1833, también fue uno de los fundadores de una casa refugio para los niños abandonados, conocida más allá de Hamburgo como la «Rauhes Haus». Participó activamente en la comunidad misionera, la «Magdalenenstift», la asociación para presos liberados y otras instituciones similares, y fue hasta el fin de sus días presidente de la comunidad bíblica de Hamburgo-Altona. En el aniversario de su doctorado, el 16 de febrero de 1859 se le concedió el honor de un doctorado en teología por la Universidad de Berlín.

Cuando la nueva constitución de Hamburgo entró en vigor después de más de 12 años de preparación, se retiró de la vida pública, a causa de su avanzada edad y su debilitado estado de salud. Durante su bien merecido retiro, estuvo ocupado con sus escritos y con la recopilación de notas biográficas, hasta que una enfermedad mortal lo abatió en 1865 y acabó con su vida el 16 de agosto del mismo año. Se puede encontrar un índice de sus escritos en el Lexicon de autores de Hamburgo, volumen III S. 395-398.

Apéndice

Johann Wolfgang von Goethe (28 de agosto de 1749 – 22 de marzo de 1832) fue un escritor y polímata alemán. Se considera a Goethe el genio supremo de la moderna literatura alemana, al mismo nivel que Schiller. Las obras de Goethe están comprendidas dentro de los campos de la poesía, el arte dramático, la literatura, la filosofía y la ciencia. Su obra Fausto se considera el mejor poema largo de la moderna literatura europea. Entre otras obras literarias de Goethe bien conocidas, se incluyen numerosos poemas, la Bildungsroman o «novela de aprendizaje» Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister y la novela epistolar Las cuitas del joven Werther.

Goethe fue una de las principales figuras de la literatura en alemán y del movimiento llamado clasicismo de Weimar, de finales del siglo XVIII y principios del XIX; ese movimiento coincide con la Ilustración, el Sentimentalismo («Empfindsamkeit»), el «Sturm und Drang» (literalmente, tempestad e ímpetu) y el Romanticismo. Autor del texto científico Teoría de los colores, sus influyentes ideas sobre la morfología y la homología de plantas y animales sirvieron de base para su ampliación por parte de los naturalistas del siglo XIX. Así mismo, fue durante mucho tiempo miembro del Consejo privado del ducado de Sajona-Weimar.

En política, Goethe era conservador. En la época de la revolución francesa, creyó que el entusiasmo de alumnos y profesores era un mal uso de la energía, y se mantuvo escéptico respecto a la capacidad del pueblo para gobernar. Igualmente, «no se opuso a la Guerra de la sexta coalición impulsada por los estados alemanes contra Napoleón, pero se mantuvo distante de los esfuerzos patrióticos para unir las diversas partes de Alemania en una sola nación; en vez de eso, él defendía el mantenimiento de pequeños principados gobernados por déspotas benevolentes».

La influencia de Goethe se extendió por Europa, y durante el siglo siguiente, sus obras fueron una importante fuente de inspiración para la música, el arte dramático, la poesía y la filosofía. No obstante, al principio de su carrera, se preguntaba si la pintura no podría ser su verdadera vocación. Más tarde, expresó su expectativa de que se le recordara sobre todo por sus trabajos sobre los colores.

La Teoría de los colores (título original en alemán, Zur Farbenlehre) se publicó en 1810. Contiene algunas de las primeras descripciones publicadas sobre fenómenos como las sombras de los colores, la refracción y la aberración cromática.

Su influencia se extiende principalmente al mundo del arte, especialmente entre los prerrafaelistas. J.M.W. Turner la estudió de forma exhaustiva e hizo referencia a ella en los títulos de algunas de sus obras (Bockemuhl, 1991). Wassily Kandinsky consideró la teoría de Goethe «una de las obras más importantes».

Aunque la obra de Goethe nunca fue bien recibida por los físicos en general, se sabe que influyó mucho sobre diversos filósofos y físicos, entre los que se cuentan Arthur Schopenhauer, Kurt Gödel, Werner Heisenberg, Ludwig Wittgenstein y Hermann von Helmholtz. Mitchell Feigenbaum incluso llegó a decir: «Goethe tenía razón acerca de los colores» (Ribe y Steinle, 2002).

En su libro, Goethe proporciona una exposición general de cómo se percibe el color en distintas circunstancias, y considera que las observaciones de Isaac Newton son casos especiales. La preocupación de Goethe no tenía tanto que ver con la medición analítica del color como fenómeno, como con las cualidades de cómo se percibe el fenómeno. La ciencia ha llegado a comprender la diferencia entre el espectro visible, tal y como lo observó Newton, y el fenómeno de la percepción del color humano, tal y como lo presentó Goethe, y que es un tema que Wittgenstein analizó en profundidad en su interpretación de Goethe, en Observaciones sobre los colores.

Comentarios a la nota anterior sobre la obra Teoría de los colores de Goethe: «Mi Teoría de los colores es tan antigua como el mundo, y con el tiempo no podrá negarse ni desecharse». – Goethe, 18 de marzo de 1831.

Pero llamar «teoría» a las investigaciones de Goethe sobre los colores (como en Teoría de los colores) podría dar lugar a interpretaciones erróneas. El trabajo de Goethe sobre los colores es cualquier cosa menos una teoría. Goethe nunca teoriza. Uno de los principales argumentos de Goethe contra Newton fue que la luz es una e indivisible, y que no está compuesta por colores. La naturaleza, y por lo tanto, la luz, deben estudiarse tal y como son, sin intentos previos ni arreglos para hacer que se ajusten a una teoría. Goethe observa el fenómeno, y a continuación se dedica activamente a la investigación, mediante la realización metódica de un estudio práctico detrás de otro. La finalidad de su método no es probar una teoría ni demostrar un determinado argumento, sino desvelar los misterios de la naturaleza. Eso sólo se puede conseguir a través de observaciones agudas y metódicas y dejando que el fenómeno se revele por sí mismo. Por lo tanto, una traducción más adecuada del título alemán Zur Farbenlehre sería El estudio científico del color.

El enfoque de Goethe hacia las ciencias naturales no es distinto de su enfoque hacia todos los demás aspectos de la vida, como el arte, la literatura, las personas, los libros, etc. Pero aunque uno, por ejemplo, lea su Fausto con interés, nunca realmente creerá que el personaje de Mefistófeles representa realmente una parte de la realidad. No obstante, los métodos de observación de Goethe, o su forma de abordar los múltiples fenómenos naturales, no son distintos a la hora de escribir Fausto y sus posteriores estudios sobre los colores. La lucha de Fausto es el impulso de la mente moderna por conquistar la realidad y descubrir la verdad más profunda del mundo. La búsqueda de Fausto, definida en la escena nocturna de la primera parte de Fausto, consiste en conocer la realidad que subyace a su experiencia del fenómeno:

Que yo pueda detectar la fuerza interior

que une al mundo y guía su curso

Pero incluso cuando Fausto recibe la guía y ayuda por parte de Mefistófeles, siempre hay algo «más allá». Al igual que el personaje de Homunculus en la segunda parte de Fausto, Fausto está encerrado dentro de una burbuja de cristal, si bien se trata de una burbuja mental, hecha de opiniones y teorías. Fausto, la imagen del hombre moderno, es incapaz de atrapar la esencia de la realidad, debido a que…

Todo lo transitorio es tan sólo una parábola

– Goethe; Fausto, Segunda parte: Chorus Mysticus

En el prólogo de la Teoría de los colores, Goethe escribió:
«Todo lo que se necesita saber es accesible a través de los sentidos. La atención lo es todo».

El mundo de Goethe no es un mundo de abstracciones, sino de los fenómenos de las formas de la vida. La vida es ciencia, y la ciencia es vida. Todo está en los ojos del espectador. O, como dijo Werner Heisenberg en un discurso en 1967:

«Cuando Goethe logra ver las ideas a través de sus propios ojos, seguramente esos ojos no ven lo mismo que lo que es habitual hoy. En cualquier caso, esos ojos no podrían sustituirse por un microscopio o una placa fotográfica».

Las teorías imponen sus ideas sobre la naturaleza. Pero para la persona atenta, la naturaleza no está muerta ni silenciosa, sino que habla a través de sus miles de manifestaciones:

«Los colores son las acciones y los sufrimientos de la luz».
– Goethe: Prólogo de la Teoría de los colores

El 2 de octubre de 1808, Goethe conoció a Napoleón. El encuentro tuvo lugar en Erfurt. Existen varios informes sobre su encuentro y lo que conversaron, a partir de las memorias de quien fue durante largo tiempo el ministro de asuntos exteriores francés, Talleyrand, de una breve nota escrita por Goethe con fecha 5 de febrero de 1824, y de las propias recopilaciones dispersas que Goethe hizo para Eckermann, muchos años después.

Durante la reunión, Goethe y Napoleón hablaron de literatura. Según Talleyrand, conversaron sobre autores franceses y alemanes. Napoleón criticó las obras de teatro de carácter determinista (un género dramático común en aquella época). «¿Por qué se empeñan ahora en hablar del destino?», preguntó Napoleón. «No existe el destino; la política es el destino».

Con esa frase, la realidad interior de Goethe no sólo quedaba desmantelada, sino que la importancia del destino como factor determinante de la vida humana se había borrado de un plumazo. Todo lo que había intentado evitar, asimismo durante su cooperación con Schiller, se había vuelto realidad. La filosofía y la estética eran, como los antiguos griegos, cosa del pasado. Ya no hacía falta que el poeta se desvelara con las preguntas que habían preocupado a la humanidad desde el principio de los tiempos. Napoleón había resuelto el misterio. Las ideas y los pensamientos del individuo ya no eran un factor vital para el desarrollo de la sociedad. La educación estética de la humanidad, un tema al que Schiller había dedicado tanto esfuerzo, era un tema que probablemente tenía interés como charla intrascendente de sobremesa, pero no tenía una importancia significativa. La llamada y la lucha del alma de Fausto por fin habían obtenido una respuesta: la política. El estudio de Fausto tenía que sustituirse por el campo de batalla, y el papel del poeta-filósofo tenía que sustituirse por el del comisario político.

Napoleon; Battle of Jena

Napoleon; Battle of Jena

Johann Gottlieb Fichte (19 de mayo de 1762 – 27 de enero de 1814) fue un filósofo alemán.

Fue uno de los fundadores del movimiento filosófico conocido como idealismo alemán, un movimiento que se desarrolló a partir de los escritos teóricos y éticos de Immanuel Kant. Se suele considerar a Fichte una figura cuya filosofía forma un puente entre las ideas de Kant y las del idealista alemán Georg Wilhelm Friedrich Hegel. Recientemente, estudiosos y filósofos han empezado a apreciar a Fichte como un filósofo importante por propio derecho, gracias a sus originales reflexiones sobre la naturaleza del Autoconocimiento o la conciencia de sí mismo. Al igual que les sucedió anteriormente a Descartes y Kant, se sentía motivado por el problema de la subjetividad y la conciencia. Fichte escribió asimismo sobre la filosofía política, y se le considera uno de los padres del nacionalismo alemán.


En colaboración con Simon Kennerley.
www.hudtwalcker.com 2011